domingo, 4 de abril de 2010

2 Concurso de Relatos del Hotel Pamplona Villava




BASES:

1. Se podrán presentar todos los participantes sin límite de edad, siempre que el relato esté escrito en español, inéditas y no premiadas en otros concursos ni pendientes de calificación.

2. Tema: relacionado con historias de viajeros o viajes. Los relatos no superarán el número de dos folios en formato A4, escritos por una sola cara.

3. Se enviarán al correo electrónico: recep@hotelvillava.com, al fax 948 333 675 o personalmente en el Hotel Villava Avda. de Pamplona s/n 31610 Villava ( Navarra ) incluyendo nombre y apellidos, domicilio, teléfono de contacto y fotocopia del DNI o documento que acredite su identificación.

4. El plazo de admisión será hasta el 01 de junio y la publicación de el premiado será el 01 de julio del 2010.

5. El Jurado estará compuesto por Ángel María Bidondo, profesor de literatura.


6. Se establece el siguiente premio:

1. Noche de alojamiento y desayuno para dos personas en la fecha deseada, siempre que haya disponibilidad. ( excepto: 05/07 al 15/07 y del 24/12/10 al 08/01/2011 )

2. Publicación del relato en la página web y blog del hotel. Además de su distribución en las habitaciones.

7. El ganador se dará a conocer el 01/07/2010 y será notificado por el medio que fuere más conveniente. A partir de ese mismo día puede hacerse el premio efectivo.

8. Exceptuando el ganador del premio, a quien se comunicará directamente el fallo, no se mantendrá correspondencia con ningún otro participante, ni se devolverán los originales, que
pasarán a ser propiedad del Hotel Villava. para su posterior publicación, sin que por ello tenga que devengar a los autores ningún derecho.

9. Se entiende y se asume que con la presentación de los trabajos, los participantes aceptan la totalidad de estas bases.

hotel villava

sábado, 3 de abril de 2010

jueves, 1 de abril de 2010

Cafecedario de Baqué: K de Kahveh Kanes

K de Kahveh Kanes

LOS KAHVEH KANES, los primeros cafés conocidos, los precursores de todos los que vinieron después. Se abrieron en Constantinopla, en Bagdad, en Damasco, en El Cairo, en Alepo, allá por las primeras décadas del siglo XVI, novecientos y tantos años de la Hégira musulmana. Comerciantes clarividentes que quisieron aprovecharse del éxito que el café tenía en la sociedad árabe, crearon estos lugares de encuentro y divertimento donde se bebía café.

Una rica decoración con tapices, sedas y cojines cubría las paredes y el suelo. Bailarinas de vientre desnudo danzaban voluptuosamente ante los clientes. Los músicos, en un estrado, tocaban flautas y panderos. Unos jugaban al ajedrez, otros fumabas sus narguiles. El café se servia de continuo en breves tazas de plata.

Café sin nada, o con azúcar, o con cardamomo, o con clavos de olor.

Los primeros kahveh kanes vieron pronto que otros más se abrían en las ciudades. Y pronto en ellos, como en otros más tarde en Europa, se empezó a hablar de política, se criticó, se conspiró. Escuelas de sabiduría los llamaban algunos y no sin falta de razón dada la gente que en ellos se reunía a charlar e intercambiar noticias: jueces, comerciantes, profesores, poetas. No tardaron mucho las autoridades locales en prohibir y cerrar los kahveh kanes. Pero el éxito de estos lugares de libertad y relajo alrededor del café era ya imparable.

El comercio con el mundo árabe, las fiestas de los embajadores otomanos en las capitales europeas y la moda a la turca que no sólo se manifestaba en el vestir, hicieron que el consumo de la bebida se hiciera popular en Europa en el siglo XVII. Y con ello aparecieron los primeros cafés europeos: La maison de Caova en París, Zur Valúen Flasche (la botella azul) en Viena, el Café de Pascua Roseé en Londres. Pero el más grande de todos, el más famoso fue el de Floriano en Venecia.

Floriano Francesconi, inquieto comerciante, abrió en 1720 La Venezia triomfante, bottega da caffé que pronto se hizo famosa entre los parroquianos de la húmeda ciudad que no perdían el tiempo en recitar el nombre entero del establecimiento de moda y simplemente decían andemo da Floriano! Al cabo de los años Venezia triomfante, derrotada, dejó su sitio a Caffé Florián. Paradojas de la vida.


El Florián es el café por excelencia entendiendo por café, claro está, el lúdico lugar donde se charla, se coquetea, se conspira, se escribe o se aburre un ser humano viendo pasar la vida. Siempre con la reconfortante compañía de una maravillosa taza de sugerente café.

Los cafés y la sociedad. Los cafés y la política. Los cafés y las tendencias artísticas. Cafés teatro, cafés concierto, cafés tertulia, cafés conventículo, cafés parlantes, cafés conspiradores, cafés remanso, cafés de negocios, cafés públicos y cafés no tanto, cafés ricos y cafés de ricos, cafés de pobres y tabernas (con cafés de puchero y solisombra, por supuesto), cafés epicúreos y cafés espartanos, cafés, cafés y cafés. Todos ellos repartidos por el mundo, por las ciudades, por los pueblos, de tal manera que es difícil entender las ciudades sin sus cafés, así como es igual de difícil explicar un café sin la ciudad que lo alberga: el Florian y el Cuadri en Venecia, el Greco en Roma, el Café Gijón en Madrid, el Tortoni en Buenos Aires, el Café de laPaix en París...

Toda ciudad tiene su café de referencia por el cual han pasado los personajes que han ido tejiendo la urdimbre de la historia local: ideólogos de tertulia política, artistas de café de recuelo, escritores de pluma, cuartilla y cuartillo de agua, banqueros, bancarios, ejecutivos, carniceros, funcionarios y hasta vecinos de anónima filiación y hábitos conocidos. Todos escribiendo los renglones de la historia de la ciudad: párrafos enteros unos, simples tildes otros.

Lástima que los cafés, tal como fue concebido el Florián, están en vías de desaparición. La mayoría de ellos son hoy historia. Su lugar lo ocuparon hace años las entidades bancarias en una feroz carrera por el metro cuadrado. Hoy en día, gracias a las tecnologías de la comunicación y a un proceso de concentración de entidades que va creando gigantes financieros de nombres impronunciables, los bancos quieren deshacerse de ese patrimonio inmobiliario tan arbitrariamente conseguido. Pero no nos engañemos, el viejo café, la animada tertulia, la partida de cartas o dominó, el ver pasar la vida acodado sobre una mesa de mármol mirando por la amplia ventana, mucho me temo que haya acabado bajo el implacable ritmo que hemos impuesto a nuestra vida.

Los cafés de hoy en día son otra cosa y los hemos hecho ser como somos nosotros mismos: los diez minutos de cafelito, el tentempié rápido al mediodía, el individualismo que marca nuestra sociedad, la incomunicación o, como dijo en su día el bilbainísimo Carlos Bacigalupe, la dictadura de la televisión. Por eso los cafés de hoy en día son más impersonales, más lugares de paso que de parada, más cálidos por su decoración forzada que por el calor de la gente que vivía en ellos.

Ni peores, ni mejores; pero sí distintos.


Hace ya muchas décadas, en un día como otro cualquiera, en un popular café conocido por ser lugar de reunión y tertulia de conocidos republicanos, entró un sacerdote foráneo a resguardarse del feroz aguacero que se había desatado. El cura, ocupado en sacudirse el mojado sobrepelliz, no cayó en la cuenta de que los sorprendidos ojos de todos los presentes se habían posado en él. Todo el mundo empezó a sentirse incómodo ante la presencia del religioso que, esperando que escampara, comenzó a pasearse por delante de la barra dando los buenos días a todos los parroquianos.

La tertulia política derivó hacia temas culturales. Aquellos que discutían a voz en grito sobre la libertad de cultos comenzaron a hablar de forma civilizada del precio del ganado en la última feria. Los de las mesas del fondo que estaban organizando el próximo mitin pasaron a tratar sobre la oportunidad de organizar una novillada. Y así todos y cada uno de los parroquianos tratando de no importunar al inesperado e inusual visitante.

Quien peor lo estaba pasando era el dueño del local que, tras el mostrador, secaba nerviosamente un vaso ya suficientemente seco. Si el pobre hubiera podido pedir un deseo en ese momento, habría deseado medir tres metros de altura y poder así ocultar con su cuerpo un colorido retrato de una dama que, tocada con gorro frigio y con el seno derecho al aire, trataba de ser una alegoría de la República.

El curita en sus paseos a lo largo de la barra, no tardó en darse cuenta de su existencia y cada vez que cruzaba por delante del cuadro fijaba en él una dubitativa mirada.

El dueño empezó a temer lo peor cuando vio que el curita se acercaba hacia donde él estaba con ánimo de decirle algo. Y cuando esperaba una severa admonición del religioso y estaba dispuesto a aguantar el chaparrón allí delante de todos sus clientes, va el cura y le pregunta amablemente:

-Por favor ¿me podría decir quién es esa santa del cuadro que no se me hace familiar?

A lo cual respondió el dueño hecho un manojo de nervios:

-Santa Inés, creo.

Y resopló de alivio al ver que el cura marchaba reconfortado por la escueta explicación dada.

Eso era posible en el café.

miércoles, 31 de marzo de 2010

CAfecedario de Baqué: J de Jussieu

J de Jussieu

EN BOTÁNICA TODA PLANTA pertenece a una familia, a un género y, por último, a una variedad. Y así fue como obró Antoine de Jussieu cuando intentó clasificar la planta de café, ese producto que estaba tan de moda en la Corte Francesa y que ya había sido plantado en las colonias con éxito.

En principio Jussieu creyó reconocer en la planta las características de jazmín y, por eso, bautizó al cafeto con el nombre de Jasminum arabicanum. Sin embargo, estudios más profundos le llevaron a incluir a la planta en la familia de las Rubiáceas. Fue más allá al crear un género nuevo para la planta y latinizó el popular término de café al llamar al nuevo género coffea.

Por lo tanto le cabe a Antoine de Jussieu, si no el honor de haber descubierto el café, sí haberlo clasificado científicamente tal como lo conocemos hoy. Fue el sueco Carl von Linné, Linneo, quien continuó los estudios de Jussieu.

En este caso hablamos de una planta que pertenece a la familia de la Rubiáceas, género coffea. Hasta ahí todo correcto, simple y sencillo. Pero la cosa se complica cuando comenzamos a hablar de especies y variedades, y a partir de ese momento comienza a abrirse ante nosotros toda la maravillosa complejidad que hace que nuestro trabajo de cafeteros sea rico en matices, vasto en posibilidades, apasionante en la elección, gratificante en los resultados.

Distinguimos dos especies botánicas fundamentales por ser estas dos las únicas que tienen valor económico alguno: la especie Arábica y la especie Canephora. Entre las dos suman el 98% de la cosecha mundial.

De la especie Arábica son las más importantes variedades que en el mundo se cultivan y lo son por su historia, por su calidad, por el volumen de sus cosechas, por el valor económico que generan. Si queremos hablar de calidad, ahí está el arábica; si queremos hablar de desarrollo agrónomo e investigación, ahí está el arábica; si queremos hablar de la dependencia económica de diversos países con respecto al café, ahí está el arábica.

La historia del café desde sus inicios hasta nuestros días se explica en gran parte con el descubrimiento, expansión y desarrollo de la semilla de café arábica.


Los datos más antiguos acerca de la presencia del café en la tierra los tenemos en la que ha sido cuna de tantas cosas importantes en la Historia de la humanidad, entre ellas el hombre mismo: África. Allí, en las sabanas etíopes y en el valle del Rift, esa profunda y larga cicatriz que recorre el Este de África de norte a sur, se han encontrado semillas fosilizadas de café que homínidos como Lucy –ese australopiteco que descubrieran Yves Coppens, Donald Johanson y Maurice Taieb en 1974- utilizarían como alimento. Evidentemente, nunca hubo quien pudiera exclamar, como ahora lo hacemos cuando nuestras abuelas cuelan ese fantástico café de puchero ¡qué buen café hace mi abuela Lucy! Ni la pobre Lucy ni ninguno de sus hermanos, primos y demás coetáneos, supo nunca cómo obtener de aquella preciada semilla el oscuro y caliente brebaje que ahora disfrutamos ¡Bastante tenían los pobres con aprender a erguirse! Lo que, a buen seguro, sí hizo la pobre Lucy fue atiborrarse más de una vez de bayas rojas de un árbol que ella conocía bien y que nosotros hemos dado nombre de cafeto. Comida la carne de la cereza, Lucy escupiría con habilidad aquellas duras semillas mientras desparramaba la mirada por aquella hermosa sabana de Afar, Etiopía.

El momento en que la dura semilla fue sometida al calor y así dar el primer paso hacia la humeante taza de café, nos es desconocido. Lo que sí sabemos es que el café, su cultivo y la oscura infusión, en sus comienzos, estuvo íntimamente ligado al mundo árabe y musulmán y de ello tenemos multitud de datos a partir de los siglos VIII y IX de nuestra era. El café se hizo popular en el mundo árabe por ser esta bebida  un maravilloso sustitutivo de las bebidas alcohólicas, especialmente el vino, cuyo consumo estaba prohibido por el Corán. Alrededor del café comenzó a crearse toda una maquinaria comercial que pronto tendió a protegerse consiguiendo la prohibición de la exportación de semillas vivas y cafetos fuera del mundo árabe: sólo se podía exportar café ya tostado o que no sirviera para germinar. De las bondades de la exótica bebida tan popular en el mundo árabe pronto tuvieron noticia los europeos. No es de extrañar que con el tiempo el café acabara saltándose las barreras impuestas y apareciera en India y el sudeste asiático, donde holandeses, portugueses y franceses comienzan a explotarlo.


Como vemos la denominación de café Arábica no es gratuita pues con tal nombre se paga tributo al mundo árabe que fue responsable de su descubrimiento y popularización.

Fue en las primeras décadas del siglo XVIII cuando, gracias a los franceses, el café llega a las tierras de Matinica y, por lo tanto, a América. Del éxito que tuvo la aclimatación de la planta habla por sí sólo el hecho de que en la actualidad un gran manto verde de cafetos cubre gran parte del territorio sudamericano y centroamericano y en esa expansión tuvieron gran responsabilidad las órdenes religiosas que buscaban en la agricultura una manera de asentar a la poblaciones nómadas indígenas y, así, facilitar su evangelización. En las reducciones jesuíticas el cultivo de café fue utilizado como complemento penitencial en el sacramento de la confesión:

-¡Ay, padresito, que me acuso de haber pegado a mi pariente con una vara y que me estoy muy arrepentido.
-Pues nada, hijo mío. Te me rezas dos padrenuestros... y me plantas así como treinta cafetos. Ego te absolvo.
-Espere mi padresito, que aún no acabé.
-Pues anda hijo, qué más tenemos por ahí ¿alguna sisa? ¿Faltaste a la santa misa?...¿no habrás cometido acto impuro alguno, que te conozco?
-Pos bien que me conose, mi padresito ¡que es que la vesinita de enfrente está muy linda y como mi señora y yo no...!
-Pues eso va contra el sexto y de plantar una laderita rezando el rosario no te libra ni Dios!... ¡Con perdón!... Ego te absolvo.

Y el manto verde del cafetal crecía y crecía.Ye lo dicen los colombianos cuando muestran las laderas de las cordilleras andinas repletas de cafetos, que ellos eran grandes pecadores. Y uno, que tiende a dejar que su imaginación vuele siempre que es posible, se asombra viendo el inmenso cafetal e imaginando el catálogo de contravenciones a los Diez Mandamientos... especialmente al Sexto.


La planta del café Arábica es una planta delicada que aguanta muy mal las enfermedades y las inclemencias del tiempo: los frios la destrozan; necesita de abundantes lluvias en momentos precisos; hay que estar encima de ella para ayudarla a vencer a plagas y enfermedades. Es por eso que su cultivo se da en plantaciones donde recibe el cuidado y el mimo necesario: podarla, fumigarla, adensarla convenientemente. Además es caprichosa y necesita, generalmente, metros sobre el nivel del mar para dar un producto de calidad. De ahí que las plantaciones de café Arábica se encuentren entre los 800 y 2000 metros de altura: a mayor cota de altitud, mayor será la acidez del producto, mayor la calidad, mayor el precio.

Diferentes especies nos encintramos dentro de esta variedad: bourbon, typica, catuai, catuai amarillo (porque madura en amarillo no en rojo brillante), moka, caturra; etc. La investigación cafetera ha creado, incluso, especies nuevas resistentes a las diferentes enfermedades que el cafeto puede sufrir: catimor; Colombia; mundo novo; etc.

Lógicamente de planta tan delicada sólo podríamos obtener algo que mereciera la pena, el café arábica: fino, delicado, suave, con cierta o mucha acidez, con aromas y sabores agradables que van desde la gama floral a la frutal pasando por los frutos secos ¡Ah, y muy importante, con un 0.8%-1.2% de cafeína!

Como todo lo bueno cuesta: los cafés más caros del mundo son los de Arábicas. Cotizan en la Bolsa de materias primas de Nueva York, un mercado tan desarrollado como cualquier mercado bursátil.

El otro protagonista responsable de la cosecha es el café Robusta. En realidad el Robusta es una variedad de Canéfora, como lo es el Couillou, el Niaouli u otras. Pero al ser esta especie la primera en encontrarse y explotarse, por extensión dio el nombre a todas e, incluso, se toma por robusta la variedad Canéfora para contraponerla a la otra variedad importante en el mundo, la variedad arábica.

Cuando hablamos de los orígenes del café robusta no tenemos que bucear en los tiempos paleolíticos para encontrar respuestas. El café Robusta tiene una historia más cercana en el tiempo, pero no por ello menos apasionante.

El descubrimiento del café Robusta se realiza en aquella época en la que los hombres como Livingstone, Stanley, Burton y Scott se dedicaban a surcar un continente que hasta ese momento de la Historia de la humanidad permanecía entre  tinieblas. Esas tinieblas que tan bien describiera Joseph Conrad en su obra.

En esos tiempos de aventuras, de exploradores, de sociedades geográficas, pero también de explotación, de usurpación, de compañías coloniales, de gentes sin escrúpulos, como Leopoldo II, rey de los belgas, o como el conradiano Kurtz, es cuando el café Robusta es descubierto.

Pronto las potencias coloniales vieron que esa semilla de café que crecía de manera silvestre podía ser explotada de manera extensiva y la brutal rueda de la expoliación, la explotación y el comercio comenzaba a rodar.

Si el origen del café robusta lo centrábamos en el centro, valga la redundancia, del continente africano también su producción se asocia a los países de esta área geográfica: Uganda, Costa de Marfil, Camerún, Congo, Zaire,... Pero también su cultivo se ha extendido por el mundo encontrándonos, tanto en Asia como en América, países productores de café robusta: Vietnam, Indonesia, India, Ecuador, Brasil...

Un caso peculiar es el de Brasil cuyo Robusta recibe el nombre de Conilón y es producido en los Estados de Espíritu Santo y Rondônia, fundamentalmente. Es un robusta codiciado por las empresas de café soluble por su alto rendimiento y especial cuerpo. El nombre de Conilón le viene dado por la impericia de un agente de aduanas que a las primeras semillas de Robusta importadas de África les dio tal nomre. En realidad se trataban de semillas de la variedad Couillou, una de las variedades de la especia Canéfora más común en África, pero el diestro amanuense con cargo en la aduana brasileña confundió las “ues” por “enes” y así acacbó bautizando a uno de los Robustas más populares del mundo. Eran tiempos de tinta negra, pluma y papel secante.

Curiosamente, el principal productor de Robusta del mundo se sitúa en unos pagos bien lejanos a los africanos, concretamente en Vietnam. Vietnam, años atrás, era un país que no contaba para nada en el concierto mundial del café, hasta que algún alto dirigente del partido imbuido de teoría comunista y de planes quinquenales, decidió cubrir gran parte del territorio cultivable del país con el peculiar manto verde del cafetal. Así, de producir apenas unos cientos de miles de sacos a comienzos de los años 90 del siglo pasado pasó a comercializar cerca de 12 millones de sacos a comienzos de nuestro siglo.

Hablar de cafés Robustas es como hablar del retrato en negativo de los cafés Arábicas: el arbusto de café Robusta soporta mejor las inclemencias del tiempo, es más resistente a ciertas enfermedades, la altitud no mejora necesariamente su calidad, aún se recoge cierto porcentaje de la cosecha de manera silvestre. Su bolsa de negociación más importante  está en Londres y su precio medio es más bajo que el del Arábica.

Este café, y ya su nombre nos da ciertas pistas, proporciona sabores más acarpados, sabores a madera, terrosos, amargos, astringentes... ¡Nada que ver con la finura, elegancia, acidez y suavidad del arábica! ¡Ah, y por cierto! ¡Contiene un 3% o más de cafeína! ¡Tres veces más que el café Arábica!

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martes, 30 de marzo de 2010

CAfecedario de Baqué: I de Infusión

I de Infusión

AL FINAL DEL VIAJE TODO SE RESUME en un par de minutos de contacto con el agua. Parece un triste final, pero nada de eso ¡Ahora descubrimos al café en todo su esplendor! ¡Ahora es cuando mejor se expresa! Y, además, sabe hacerlo de maneras diversas dependiendo del método de infusión, dependiendo de la cafetera.

Una de las preguntas más frecuentes que debo contestar cuando alguien me pide consejo es aquella que me inquiere sobre la mejor cafetera, a lo cual yo siempre contesto que la mejor cafetera no existe. Existen muchos modelos y máquinas diversas donde elegir. Algunas complicadas, otras sencillas. Las hay simples y también las hay espectaculares. Ciertos cafés resaltan sus sabores en ciertas cafeteras mientras que en otras pierden brillo y prestancia. O sea, que quien viene a mi con ánimo de resolver sus dudas puede quedar más aturdido que aclarado. Pero lo que intento que también capte desde un primer momento es que le estoy invitando a iniciar la emocionante aventura de descubrir cual es la cafetera ideal para su café ideal; y en ese viaje ma va a tener cerca.

Dependiendo del tipo de cafetera que elijamos obtendremos sabores diferentes con el mismo café: cambian las temperaturas, los tiempos de infusión, los niveles de extracción. Es necesario jugar también con las cantidades, con los diferentes orígenes, con las mezclas. Y si nos atreviéramos no estaría de más degustar diferentes tuestes y valorarlos.

En fin, he aquí unas pistas para no perdernos e iniciar el viaje con parte del camino andado:

Filtrado o “a goteo”

Las mas modernas son eléctricas y con depósito de agua. Las resistencias calientan el agua y la vierten a modo de ducha sobre un cono que guarda el filtro y eñ café molido. Algunas máquinas tienen un filtro permanente y otras utilizan un filtro de celulosa desechable; si así fuera, sería conveniente humedecer el filtro con agua previa su colocación en el cono y llenado con el café.

El agua caliente cae por gravedad por entre las partículas de café y va extrayendo de ellas las sustancias solubles y los aromas. En general obtenemos una infusión ligera con una extracción débil.


Embolo

Sencilla y atractiva permite hacer el café delante de los comensales. Se vierte el café molido y sobre él, el agua casi a punto de ebullición. Se deja reposar y al cabo de 2 ó 3 minutos (depende del gusto de cada uno: a mayor tiempo de infusión mayor concentración, mayor cuerpo en la taza), se baja el filtro empujando la varilla. Nivel de extracción débil. También recibe los nombres de francesa, de pistón o, en U.S.A. de french press.

Italiana

Muy popular en los hogares junto con la máquina de goteo. El agua, gracias al calor, llega al punto de ebullición y ayudada por la presión generada, atraviesa la compacta molienda de café, depositándose la infusión en el compartimiento superior de la cafetera. Por efecto de la presión, el nivel de extracción es medio, superior a los casos anteriores, y la taza es más acorpada, intensa en sabores y densa que en las otras máquinas.

Vacío o cona

Si quiere epatar a sus invitados, no lo dude, ésta es su cafetera ¡espectacular! Dos bolas de cristal unidas por un tubo, también de cristal, con un filtro de metal. En la bola de abajo, el agua; en la de arriba, el café molido. Se aplica calor en la base: el agua se calienta y el aire se dilata empujando al agua hirviente por el tubo hacia arriba, hacia el café, donde se produce la infusión. Retirada la fuente de calor (p.e. lámpara de alcohol) el aire de la bola inferior se contrae, se produce una depresión o vacío y el café vuelve hacia abajo por el tubo a través del filtro que mantiene los posos arriba. Nivel de extracción débil.

Espresso doméstica

Versión doméstica de la máquina de la cafetería, pero que nunca nos dará el mismo café ya que, a pesar de tener una pequeña válvula de presión, ésta no alcanzará jamás los niveles de presión de las cafeteras del bar. Aun así, las máquinas domésticas nos dan espressos aparentes y con una ligera capa de crema. Tazas con más cuerpo y densidad.


El ibriq

El ibriq es una cafetera... y un rito. Si alguna cafetera requiere de una determinada ceremonia, esa cafetera es el ibriq. La encontramos  en Turquía y en Grecia y su forma peculiar la hace inconfundible. El café que se utiliza es un café con un punto de molienda muy fino, casi harinoso, que hay que moler delante de los invitados si lo que queremos es seguir la ceremonia al pie de la letra. Una vez depositada la molienda en el ibriq, lo acabamos de llenar con agua y ya queda éste listo para ponerlo directamente sobre el fuego.

Una de las ceremonias más comunes implica llevar la infusión a ebullición hasta tres veces seguidas. Tras ello se deja reposar a fin de que los posos exhaustos del café se depositen en el fondo del ibriq. Pasados unos minutos, se vierte la infusión en las tazas con mucho cuidado para no remover dichos posos. Aun así es inevitable que la bebida resulte con cierta densidad debido a las impalpables partículas de café molido que no han conseguido depositarse. Muchas de ellas acabarán en el fondo de la taza y servirán para anunciarnos venturas y fortunas sin cuento si es que tenemos la suerte de encontrarnos con alguien que sea versado  en el arte de leer los posos del café.

Por efecto de la densidad y del llevar la bebida a ebullición varias veces –lo cual produce una mayor evaporación y concentración- el resultado es una taza particularmente acorpada y dura a la cual hay que estar habituado. No es extraño ver cómo se aromatiza la bebida con canela, cardamomo u otras especias.

La jebena

Otro rito, otra ceremonia. Pero ésta más antigua aún que la del ibriq. La jebena es el panzudo recipiente de estrecho cuello que los pueblos de Etiopía, los primeros que conocieron el café, utilizan para realizar la infusión en una ceremonia que se repite intacta desde quién sabe cuántos años.

La ceremonia comienza con el tostado de los granos de café, operación realizada por mujeres con una especie de sartén que colocan sobre el fuego. Con un utensilio especial van removiendo los granos para que se tuesten de manera homogénea.

Realizado el tueste se procede a moler el café en un mortero dejando las partículas de café con un grueso tamaño. Es tiempo de quemar una especie de mirra, el itan, que suelta su agradable olor en el recinto y acompañará la ceremonia hasta que la última taza sea bebida.

La molienda será introducida en la jebena por su estrecho cuello, acompañándola de agua y azúcar. Y se espera hasta que la infusión esté en su punto. La bebida se sirve en las tazas y la jebena vuelve a llenarse con más agua para una segunda infusión. Y aún se realizará una tercera. Mientras tanto, conversar y conversar.

Todo un rito. Toda una experiencia.

El puchero

No se puede hablar propiamente de una cafetera, pero el café de puchero ha estado presente en cantidad de hogares durante décadas en las cuales fue una de las formas más habituales de hacer café.

Tan simple como poner agua a calentar y acompañarla de café molido. Hay quien vertía el café antes de que el agua hirviera, hay quien lo vertía después. Algunos permitían que la infusión llegará a ebullición, otros lo desaconsejaban. Algunos acompañaban el café con algo de achicoria, otros la desterraban pues ya se habían hartado de tomar este sucedáneo del café en épocas de escasez. Malta sí, malta no. Sal sí, sal no. Cada uno tenía su fórmula, sus medidas, sus tiempos, sus trucos como el de meter un tizón de la lumbre en el puchero justo en el momento final. Y luego venía el colado con aquellos coladores de tela que iban adquiriendo con el uso un tono marrón oscuro, los cuales –generalmente más tarde que temprano- había que reponer. Y no pasaba nada si faltaban en la cocina los de repuesto: eran rápidamente sustituidos por el recurrente calcetín... eso sí, limpio.

¡Sabores y aromas de otros tiempos!

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lunes, 29 de marzo de 2010

CAfecedario de Baqué: H de Hábito de Capuchino

H de Hábito de Capuchino

HÁBITO DE CAPUCHINO O tonaca di fratte que dirían los italianos. Ese es el punto justo de tueste, pardo, marrón oscuro, aspillera pobre de monje franciscano. Ese es el color. O, por lo menos, ése es el color que a mi más me gusta porque en esto, como en todo, los gustos van por barrios... y eso está bien.

El café puede ser de un origen concreto pero ese café sometido al proceso de tueste desarrollará unos sabores u otros dependiendo del grado alcanzado porque cuanto más oscuro, más amargo y menos ácido; porque cuanto más claro, más ácido y más dulce.

Tuestes ligeros, del gusto noreoeuropeo, o tuestes oscuros de obligado uso en el mediterráneo. Tuestes medios y euestes intermedios,... y tuestes que están en medio de los grados intermedios... y además Light; pale; cinnamon; new england; half city; médium; médium hight; regular; brown; brittish; high; city; full city; dark; continental; alter dinner; black; heavy; french; belgian... y cada uno con su matiz. Así lo ven en los U.S.A., de todos estos colores.

Aunque en Europa somos un poco más comedidos también tenemos nuestras variaciones. En Italia el tueste del norte es un tueste medio que recoge la acidez y pureza del café: un tonaca di fratte con ciertas variaciones más claras o más oscuras dependiendo de la región. Pero a medida que se viaja hacia el sur el tueste se oscurece y en Nápoles, por ejemplo, el grano tostado es casi negro y con su superficie brillante y aceitosa lo cual proporciona expresos amargos, con fuertes sabores oleosos, acarpados e intensos.

En los países nórdicos, el tueste es claro, casi rubio, muy apropiado para los cafés que consumen y para como los infusionan: arábicas lavados de alta acidez y filtrados.

Cada café requiere su tueste, lo cual no quiere decir que un café no pueda ser tostado a diferentes puntos de color: sus manifestaciones en la taza podrán ser igual de aceptables. Por ejemplo, ¿qué hacer con un ácido café keniata?¿le damos un tueste medio para resaltar su salvaje acidez o lo tostamos más oscuro para que esa acidez no asuste a ciertos consumidores poco avisados? Pues eso, difícil decisión.


El tueste es la transformación mágica del café. Es cuando el café se transforma radicalmente y desarrolla los precursores del sabor y del aroma que apreciaremos en la taza. El tostador es como el viejo alquimista medieval que con el fuego y la materia buscaba el oro o la piedra filosofal. Con el fuego y el café el tostador busca y, a diferencia del alquimista, encuentra el oro viejo de la infusión.

El tostador sabe lo que tuesta y hasta que punto lo tuesta, pero también sabe cómo lo tuesta. Porque no es lo mismo. Porque es parte de su ciencia: tueste lento, tueste rápido; con intensidad variable o no; con leña, con gas, con fuel o con cualquier otra fuente que proporcione la deseada combustión ¿qué tal la cáscara de almendra?

No es lo mismo. Nada es lo mismo.

El proceso de tueste es lo suficientemente complicado, y en él ocurren demasiadas cosas como para no conocerlo  bien y dominarlo.

En una primera fase del proceso de tueste, que no va más allá de unos minutos, se produce una pérdida de humedad que hace que la temperatura del bombo tostador baje radicalmente.

En una segunda fase la curva de calor se invierte y el proceso pasa de endotérmico a exotérmico: el bombo tostador va ganando temperatura y con ella las reacciones pirolíticas en el grano de café comienzan a producirse. El CO2 comienza a presionar las paredes de la célula alcanzando niveles de hasta 40 atmósferas; acabará por romper las barreras y lo sabremos porque oiremos al café crepitar. El volumen del grano aumenta hasta un 50% y su peso bajará un 18-20%.

La tercera fase es la inmediatamente anterior a la salida del café. Dura, tan sólo, unos segundos y no por breve deja de tener su importancia porque es el momento que se aprovecha para dar el último toque personal al tueste: hay quien introduce cierta cantidad de agua en el bombo para detener bruscamente el proceso,... y para aminorar la merma de peso en el café; hay a quien le gusta aplicar una súbita subida de temperatura para predisponer ese café a una extracción de espresso; hay quien cierra la fuente de calor para mantener el café estable; cada maestrillo tiene su librillo.

La fase final es la fase del enfriado fuera del bombo tostador: el café debe ser continuamente removido acompañándolo de corrientes de aire que lo enfríen y así evitar que el café se siga tostando.

Tenemos que despertar de su sueño a los precursores del sabor, a los responsables del aroma, a los aceites, lípidos, encimas, proteínas, a todos ellos hay que darles la vida, que reaccionen entre ellos, que se transformen, que creen, que generen. Y eso sólo se puede lograr con un uso sabio del calor. Si así no se hace corremos el riesgo de seguir teniendo al final del proceso una materia igual de muerta, que el grano de café verde que al principio teníamos.

Fuego, aire, materia muerta, materia viva,... pura alquimia, pura alquimia.

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domingo, 28 de marzo de 2010

Música en vivo



Dada la aceptación que está teniendo las cenas con música en directo, nosotros seguimos trabajando para que podais disfrutar de veladas diferentes a un precio más que asequible:

Día 17 ABRIL 2010
Cena con música en directo: Elena Larrayoz
cena tipo Buffet Mixto (primer plato buffet y 2 a elegir, recién hecho)
Precio de la cena 20€

reservas en el t.948 333 676

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