lunes, 27 de junio de 2011

Relato de hoy, anímate a comentarlo!

HISTORIA SOBRE COCTELES

CONTABA POR ALLA EL AÑO DE LA PRIMAVERA DE 1263, CUANDO ISABEL, LA HIJA DE AQUEL PODEROSO SEÑOR, PASEABA POR AQUELLOS SOLEARES INMENSOS LLENOS DE NARANJALES TRAIDOS DE LA FRONTERA SUR.

ERAN HERMOSOS ARBOLES BAÑADOS EN LUZ DE SOL Y CON HIJOS DE DULCE SABOR COLGADOS DE SUS VERDES BRIZUELOS.

ISABEL ESPERABA CON ANSIA EL DIA QUE REGRESARA AQUEL HOMBRE NOBLE AL CUAL ELLA LLAMABA SU ESPOSO.

BAUTIZADO EN EL AÑO 1238 COMO TEOBALDO II, CONDE DE CHAMPAGNE Y BRIA, REGRESABA DE UNAS COMANDANCIAS EN LEJANOS PUEBLOS DE TUDELA, DONDE COMUNMENTE LE GUSTABA RESIDIR.

RECIENTEMENTE EN OLITE, HABIA PROBADO DE UN NECTAR DELICIOSO QUE EXTRAIAN UNAS MUJERES Y QUE ERA TAN BUENO COMO UNA LUMINOSA MAÑANA DE SOL.

TEOBALDO UNA VEZ LE CONTO A ISABEL DE AQUEL NECTAR Y LE DIJO COMO SE EXTRAIA.

ISABEL RECORDANDO LAS RECOMENDACIONES DE SU ESPOSO DECIDIO IR A CORTAR ALGUNOS FRUTOS Y PREPARARLO, PARA QUE CUANDO EL LLEGARA ELLA LE AGUARDASE CON UNA CHAROLA LLENA DE ESTA DELICIOSA BEBIDA.

PERO ISABEL, CUAN BUENA MUJER OBSERVADORA QUE ERA, DESEABA PRIMERO PROBAR ELLA MISMA EL DULCE SABOR.

ENCONTRO QUE LAS NARANJAS ESTABAN LIGERAMENTE ACIDAS, TAL VEZ FRUTO DE LA INMADUREZ CORRESPONDIENTE AL TIEMPO TAN TEMPRANO EN EL QUE FUERON CORTADAS.

PENSO EN UN POCO DE MIEL. PERO EL DULZOR CORTABA ESA FRESCA BRISA DE LA BEBIDA DEL SOL.

¿QUE PODER HACER?-- PENSO ISABEL – SI MI SEÑOR LLEGARA EN POCOS DIAS, LAS NARANJAS NO MADURARAN EN SU PUNTO.

ISABEL PENSO EN PONERLAS AL SOL Y HASTA GOLPEARLAS (ALGUIEN LE HABIA DICHO QUE GOLPEANDO LAS NARANJAS MADURABAN DOS VECES MAS RAPIDO), HABIA COMO 100 FRUTOS QUE SUS LACAYOS HABIA RECOLECTADO EN LA LOCALIDAD, ASI QUE PROBO Y PROBO, PERO SEGUIA LA ACIDEZ ACOMPAÑADA DE LA FRUSTACION DE ESTA TIERNA MUJER, QUE SOLO QUERIA AGRADAR A SU ESPOSO.

ENTONCES PENSO EN MEZCLARLO.

A SU ESPOSO LE GUSTABA MUCHO EL VINO, ENTONCES PENSO IR AL LUGAR DONDE SE ELABORABAN LOS VINOS REALES.

EL LUGAR ERA NAUSEABUNDO, HABIA DESTILADOS QUE NO HABIAN SIDO ADECUADAMENTE PROCESADOS Y SE ESTABAN ECHANDO A PERDER.

PERO ISABEL ENCONTRO UNO QUE ERA PERFECTO Y CELOSAMENTE GUARDADO POR EL VIÑATERO, EXCLUSIVAMENTE ELABORADO PARA SU PADRE, UN REY FRANCES.

ISABEL ENCONTRO FUERTE RESISTENCIA EN EL VIÑATERO, PERO GRACIAS A LA SUAVE PERSUACION DE ELLA Y A UNA LEVE AMENAZA DE EXPULSION DEL REINO DE NAVARRA LOGRO OBTENER LO MEJOR DE LA REGION, UN DULCE VINO ROJO AZULADO CON SABORES GRANATE Y TOQUES DE OROZUZ.

ISABEL SE PUSO DE CONTENTA QUE DA GUSTO PORQUE ELLA DESCONOCIA DE LA EXISTENCIA DE ESTE VINO ASI QUE SERIA UNA DOBLE SORPRESA PARA SU SEÑOR.

ELLA SOLO QUERIA AGRADARLE YA QUE EN AGRADARLE ELLA SE REGOCIJABA PROFUNDAMENTE.

CUANDO ISABEL LLEGO A LOS COMEDORES DEL CASTILLO PIDIO QUE ESTRAJERAN EL ZUMO DE LAS NARANJAS, Y QUE LE PREPARAN UNAS GRANDES VASIJAS PARA LAS MEZCLAS.

EMPLEO TRES GRANDES RECIPIENTES PARA TRES GRANDES MEZCLAS.

EN LA PRIMERA MAS VINO QUE ZUMO DE NARANJA, EN LA SEGUNDA PARTES IGUALES Y EN LA TERCERA MAS NARANJA QUE VINO.

ISABEL PROBO LOS TRES MAS CONCIENZUDAMENTE PARA VER CUAL ERA EL QUE LE CAERIA MEJOR AL GUSTO DE SU ESPOSO Y DETERMINO LA MEZCLA.

“YO SOY COMO EL VINO Y EL ES COMO EL SOL, COMO LAS NARANJAS”, UNA DE LAS DAMAS DE HONOR PRESENTE LE DIJO: “SEÑORA MAS BIEN QUERRA DECID USTED AL REVES, LA NARANJA ES FRUTO DE FLOR Y EL VINO FRUTO DE VID, EL VINO ES MASCULINO”.

ISABEL RECLAMO: “MI QUERIDA AMIGA, VOS TENEIS UNA MENTE MUY CORTA EN CUANTO A LO DESEO EXPRESAR, NO HABREIS ENTENDIDO. YO SOY EL VINO PORQUE LO QUIERO EMBRIAGAR DE MI AMOR Y EL ES LA NARANJA PORQUE DA DULZURA A MI VIDA. EL ES DULCE COMO EL SUEÑO DEL AZAHAR”.

Y AGREGO: “LA BEBIDA MEZCLA QUE SE QUEDA ES LA DE MITAD VINO Y MITAD NARANJA, EL EQUILIBRIO, ASI SOMOS LOS DOS”.

“¡TRAED LA JARRAS!”-ORDENO

Y SE LLENARON LAS JARRAS CON AQUEL ELIXIR Y CUANDO LLEGO SU SEÑOR SE HICIERON GRANDES FIESTAS EN EL REINO Y ELLA LE MOSTRO SU MAS PRECIADO REGALO, UN REGALO DE AMOR.

-“PARA MI SEÑOR”- ISABEL ERA CORTA EN PALABRAS CUANDO HABLABA CON EL, YA QUE ELLA PREFERIA HACER QUE DECIR.

EL TOMO AVIDAMENTE PORQUE VENIA SEDIENTO.

AL FINAL DEJO LA TAZA DE METAL SOBRE LA BANDEJA Y SE QUEDO PENSANDO. DESPUES DE UN BREVE SILENCIO, CON LA MEJOR DE SUS SONRISAS, SE LEVANTA Y LE DA A ISABEL UN GRAN ABRAZO Y UN FUERTE BESO QUE LA HIZO RUBORIZAR ANTE LOS DEMAS, PERO AL MISMO TIEMPO LE DIO UNA GRAN SATISFACCION EN EL CORAZON.

-“DESDE AHORA OS ORDENO ISABEL QUE DE ESTO ME HAGAIS LO MAS FRECUENTE QUE OS PERMITA VUESTRA VOLUNTAD, ES UNA BEBIDA DELICIOSA, QUE ME HA RECONFORTADO NO SOLO EL CUERPO, SINO EL ALMA, SOIS MARAVILLOSA Y MUY BUENA MUJER”.

DOS ALMAS, UNA VIDA EN NAVARRA, VINO Y NARANJA…. UN AMOR.

domingo, 26 de junio de 2011

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Renata

Por mi mente se apresuraron pensamiento que no logre controlar y termine llamándola por su nombre.En mi extrema soledad, le envite una copa, ella acepto complacida y quería yo morir en un instante. Renata acepto más de un coctel y se despidió de mí con un gesto gentil quedándome con las ganas de verle una vez más.

No puedo negar que pienso en ella. Desde que conocí su mirada y bajo sus ojos canela, los labios rojos delineando el vaso, llame amor al conjunto que me entregaba. Alverle nuevamente, a mi mente vinieron imágenes de una vida totalmente ajena, una vida con momentos de real felicidad, alegrías y logros. Al ordenar un Martini más, se dibujaron instantes tan verdaderos y comunes que me hacían sentir esa persona que quería ser a su lado. Realmente no sabía si ese era yo u otro, pero en mi interior anhelaba ser ese con una vida de fantasía y de inigualable felicidad.

Suspire, y me quede dormido entre nubes de calor y sonrisas.Al día siguiente en el mismo bar, solitaria como la noche anterior, ella me esperaba. Llegue un poco tarde pues trabajaba limpiando el lugar sin descanso, ella hermosa y arreglada como siempre, se acercó a mí para pretender como todas las noches que hablamos de trabajo.

Renata bebió su coctel cotidiano y sonrió al mesero que cuidaba en silencio de nuestro secreto. Ella la dueña del bar y yo un simple empleado que tuvo la valentía de ofrecer un trago a la mujer que tanto soñaba conquistar.

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sábado, 25 de junio de 2011

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Un Hombre Cualquiera

Sofía a sus cuarenta años con gran carisma y manos toscas, sabiendo que no tenía mucho dinero, solía ir a bares costosos a donde salía siempre con el mismo vestido que algún día un hombre al que frecuentaba le regalo, y donde compraba un coctel y lo sostenía junto a ella toda la noche de ser necesario hasta que algún caballero le ofreciera otro.

Aquel señor parecía diferente a los anteriores sujetos, no sería difícil saber su verdadera personalidad. Con algo de maldad y buscando un poco de emoción antes de regresar aquella noche a casa, decidió acompañar al hombre con cuatro cocteles más. Él era increíblemente versado al hablar y mantenía una mirada determinante cuando se dirigía a ella.

Después de un par de semanas ella sabía que cualquier promesa y cualquier petición serian aceptadas por él. Seré tuya hasta hoy si así lo quieres -le dijo en el último encuentro-. Ella no quería su dinero, sino su aceptación. Se retiró teniendo certeza de que la buscaría, y así fue. En el mismo bar, el hombre la admiraba, pero no siempre salía con ella, la juzgaba con la mirada, a veces la odiaba. Así continuó ella buscándolo y su paciencia jamás se agotó.

Finalmente la ley natural se encontró con el desorbitarte deseo, ella creó un mundo a su alrededor que la convirtió en víctima y en victimaria.Jamás se han separado desde entonces, el la ama y la desea con inmortal pasión, le hace el amor de formas que ella jamás se acordara de otros hombres. Ella vive con él, lo hace feliz, lo escogió para darle todo lo que de ella quedaba, luego murió.

viernes, 24 de junio de 2011

Relato de hoy, anímate a comentarlo!

Manhattan con aceituna

Siempre soy el final, el punto y seguido o el punto y aparte de todas las historias. El sabor que queda cuando no queda nada, los restos de un naufragio.
Han puesto música.
Ella está sonriendo mientras se acaricia el pelo. Es curioso como todas siguen los mismos pasos, es curiosa la coreografía del deseo.

Él sonríe. Toma un vaso de la estantería, uno de cristal azul con un labrado de hojas, uno de esos vasos con los que juegan los niños a mirar a través, uno de esos con que se puede colorear un instante, detenerlo y dibujarlo.

Ella está pensando en una ausencia, lo sé, he visto esa cara muchas veces. Aún se enrosca el pelo, pero los ojos vuelan sobre la cabeza de él, parecen atravesarlo y resbalar por las botellas, chocar contra el vidrio y al final naufragar en el borde de la copa que él prepara. Ahora añade el hielo. Lo ha picado en una de esas máquinas que acaso le regaló una ex amante. Hacen demasiado ruido. El hielo fragmentándose en cientos de pequeñas aristas, los ojos de ella helándose las pestañas, el frío componiendo su sinfonía sobre el pecho.

Lo piensa aún, todavía lo recuerda, lo hace al mirar las manos de otros, lo hace en este instante cuando él corta el limón en rodajas finas y el zumo sangra sobre la tabla y escuece los bordes de la herida.

Él la está mirando, creo que por fin ha adivinado la nostalgia. La toma de la mano, acaricia como en un temblor la punta de sus dedos. Vuelven los ojos, la boca entreabierta queriendo sorber el aire caliente que exhala el otro. Sonríen, otra vez sonríen.

Vuelve al trabajo. “Whisky, vermut, limón...” lo ha leído esta misma tarde en aquel libro viejo con las tapas mojadas y descoloridas. Sin embrago no está seguro. Toma la coctelera y añade los ingredientes uno a uno mientras ellas se detiene a observar el proceso. Ya no son tan jóvenes y sin embargo hoy quieren creer que lo fueron. Él tiene una cuidada barba de dos días, ella unos tacones infinitos sobre los que realiza exquisitos equilibrios. Y ambos los labios mojados, la ilusión recién inaugurada. No consigue recordar y le suplica a ella que busque en el libro. Al tomar el libro de recetas aparece una foto de ambos…Ella de blanco, sin sonrisa y con velo. Él con la corbata anudada en la garganta y la lengua seca. Octubre de 1977. Amarillea en los bordes la imagen y sobre la mesa. La toma y ríe, esta vez con una carcajada seca. Se acerca a él que también se ríe mientras vierte el resto de la mezcla en el vaso. Se abrazan. Él me toma entre los dedos y me deja hundirme en el fondo de la copa.

Ella apurará la bebida y después me tomará entre los dientes, y él la besará largamente, como en una película en blanco y negro, como Bogart al terminar su Manhattan. “Y sin embargo te quiero” susurra la canción.

Punto y seguido. He dicho.

jueves, 23 de junio de 2011

Relato de hoy, anímate a comentarlo!

EN LA PRÓXIMA TORMENTA

Despertó empapado en sudor. Como siempre que la primavera daba paso al verano. No recordaba si esta vez se debía a una pesadilla o al agobiante calor que formaba parte de esas noches de finales de junio. Por la ventana entreabierta no entraba más que la tenue luz de una luna llena más pequeña de lo habitual. Ni un simple soplo de brisa, ni una pizca de viento que presagiara la tormenta que el conserje le anunció, sin temor a equivocarse, que iba a producirse ese viernes.

Se incorporó levemente, encendió la lámpara que tenía junto a la cama y cogió el libro que estaba leyendo hacía no más de media hora. Lo abrió por la página marcada y se adentró en su mundo, ajeno a la realidad, acompañado por los personajes e historias que éste contenía. Sin remisión, se sumió otra vez en un sueño de fantasía.

Le sobresaltó el sonido de un terrible trueno que hizo temblar los cristales abiertos de los ventanales de su habitación. A éste le siguieron otros, junto a multitud de rayos que iluminaban la oscura noche, cubierta ya la luna por negras nubes y percibiéndose en el ambiente un frío temporal que agitaba las altas ramas de los chopos de alrededor. Empezó a llover con fuerza. Se levantó para cerrar la ventana, cuando de repente se apagaron todas las luces. Al instante, otro rayo cayó a pocos metros de la estancia.

El agua arreciaba, acompañada de unas bolas de granizo que aumentaban poco a poco su tamaño, cuando le pareció ver a alguien en la calle. Era una mujer. Intentaba apresurarse para hallar algún refugio. Empapada y sometida a la fuerza del temporal, apenas podía mantenerse en pie. La oscuridad la envolvía. Creyó verla tropezar cuando el relámpago alumbró la escena. Allí estaba ella. Tumbada en el suelo, magullada y perdida. Levantó la cabeza y miró hacia donde se encontraba él. Sus miradas se cruzaron, la de ella como pidiendo ayuda, la suya sintiendo lástima. Sin pensarlo, corrió hacia la calle. Debía auxiliar a aquella persona, quería hacerlo.

Abrió la puerta de la habitación y bajó a la carrera los cuatro pisos, sin esperar al ascensor. Al salir del hotel, la luna se abrió paso entre las nubes y enfocó con un pequeño haz la calle encharcada. No había nadie allí. La lluvia remitía levemente y no le importó inspeccionar las zonas de alrededor en busca de la anónima figura. Decepcionado, regresó por donde había caminado y entró en el bar del hotel. La luz tenue de las velas suplía temporalmente la carencia de electricidad. Pidió un bloody mary. Observó al camarero cómo lo preparaba. Desde que aquel barman le recomendara apaciguar las borracheras con este cóctel, siempre estaba dispuesto a combatir la resaca con dicha bebida. Eso sí, insistía en que prescindiera de la rama de apio y echara sólo dos gotas de tabasco. El camarero agitó los ingredientes y vertió la mezcla sobre el vaso perfectamente cubierto de hielo. Lo situó frente a él y esperó a que diera el primer sorbo. El rojo intenso del zumo de tomate invitaba a no demorarlo más. Le pareció exquisito y así se lo expresó. El hombre se retiró al otro extremo de la barra.

El segundo trago, más prolongado, le dejó el regusto del vodka atravesando por la garganta. Por suerte, estaba acostumbrado y no le afectó que tuviera el estómago vacío desde ya algunas horas. “¿Sabes de dónde procede el nombre de Bloody Mary?”. Se giró para ver a su interlocutor. Era una mujer de aspecto misterioso. La penumbra impedía apreciar su rostro y tan sólo pudo distinguir la figura sinuosa de un cuerpo bien trazado y sugerente. “No tengo ni idea”, acertó a responder.

“De María Tudor, que durante su reinado en Inglaterra mandó a la hoguera a todo el que se cruzara en su camino”, añadió ella.

“Interesante historia”, interrumpió.

“María la sanguinaria. Por eso el color rojo. De todas formas, no es más que una leyenda. Más real me parece la idea de que naciera en el Harrys Bar de París, allá por los años veinte”, dijo la dama, aún oculta por la penumbra.

“¿Y usted con cuál se queda?”, le inquirió.

“Me encanta París”, respondió mientras le arrebataba la copa y bebía de aquel cóctel.

“¿Puedo invitarle a uno?”, señaló con voz segura, mientras se imaginaba una velada romántica en un escenario cargado de nostalgia. “Por favor, camarero, dos bloody mary”.

Pero al girarse para desvelar al fin el secreto de aquel rostro comprobó su ausencia repentina. Cogió el papel abandonado en la barra y leyó:

“Volveré con la próxima tormenta, para que sepas que no estás solo. Podrás verme y podrás ayudarme, como querías hoy. Volveré con la próxima tormenta para que olvides por fin tus lamentaciones. Volveré con la próxima tormenta para que sepas que ese día me tendrás. Y yo a ti. Y te contaré la verdad del bloody mary. Y, juntos, beberemos el cóctel del amor eterno”.

Apuró la copa de un trago, respiró profundo y se dirigió a la habitación 417.

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